La receta Giuliani: remedio equivocado para la seguridad ciudadana

La Razón Pública

Nov 30, 2013
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Tolerancia cero”

Horas antes de anunciarle al país su intención de ir por la reelección, el presidente Juan Manuel Santos sostuvo una reunión con el exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, conocido como el autor del “milagro” de la seguridad en Estados Unidos.

El encuentro con el exburgomaestre, quien fue invitado por la Fundación Buen Gobierno para “poner su experiencia al servicio de Colombia”, puede ser un mal presagio del rumbo que podría tomar la seguridad ciudadana colombiana, pues su receta, cargada de efectos colaterales y contraindicaciones, es un remedio equivocado para los desafíos que enfrenta el país.

Nada más distante de una agenda que se incline por la paz, que optar por la “tolerancia cero” y por un modelo basado en la represión policial, como la que utilizó Giuliani. Lo que hoy se conoce como “tolerancia cero” tiene su fundamento en una idea  de James Q. Wilson, Catherine M. Coles y George L. Kelling, denominada la teoría de las “ventanas rotas”, que establece una relación causal entre el desorden callejero y el delito.

Los seguidores de esta teoría argumentan que la Policía debe impedir los actos de incivilidad mediante la represión de toda conducta infractora – incluyendo el consumo de alcohol en las calles, jóvenes ruidosos en las esquinas, habitantes de la calle, entre otros problemas sociales -.

Bajo el supuesto de que la existencia de “ventanas rotas” en el vecindario da la impresión de que todo es posible, incluso los delitos más graves, la Policía debe imponer un orden ambiguamente definido como el sentido común de los “decentes” – lo que en Colombia podríamos denominar los “ciudadanos de bien”.

Esta teoría fue llevada a la práctica por el comisionado de Policía William J. Bratton, primero en Boston y luego en Nueva York, donde fue invitado por Giuliani para resolver el problema de inseguridad que padecía la ciudad. Para hacerlo, Bratton desempolvó más de una decena de ordenanzas municipales que criminalizaban todo tipo de conductas.

Uno de los principales componentes de la estrategia fue lo que se denominó el patrullaje preventivo de carácter agresivo (preventive agressive patrol) basado en la represión y el castigo de cualquier acto de “incivilidad”.

Bratton retomó métodos policiales de “antaño”, de los tiempos cuando, según los ideólogos de las ventanas rotas, los tribunales, los medios de comunicación y las leyes no habían “atado de manos” a la Policía. Bajo este supuesto, el uso de la identificación y registro (conocido como stop and frisk) fue el pan de cada día, dirigida a todo aquel que pareciera un sospechoso. En definitiva: una invitación al abuso policial.

Bratton además llevó a cabo una reforma que buscaba dignificar la Policía, descentralizar el mando, dar prioridad al patrullaje preventivo sobre el trabajo comunitario, y establecer un sistema de supervisión basado en la división de la ciudad mediante cuadrantes y el uso de información estadística– a través del denominado Compstat (Comprenhensive Computer Statistics).

En resumen, el modelo de “tolerancia cero” se concentró en tres aspectos específicos:

  1. Focalizar la atención en las faltas y contravenciones que afectan la calidad de vida;
  2. Trabajar en la comunidades -no con ellas- para la reducción de estas faltas;
  3. Evaluar los riesgos y, sobre todo, las poblaciones que constituyen un riesgo para la seguridad – que en la práctica son los sectores marginados, de determinado origen y color.

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