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Hace más de seis semanas que Rusia invadió Ucrania. Al margen de las terribles consecuencias que siempre tiene una guerra, en términos de pérdida de vidas humanas, desplazamiento de víctimas, destrucción de infraestructura, etc., el conflicto armado ha puesto de manifiesto cómo, en un mundo globalizado, la economía, el comercio y las finanzas internacionales pueden ejercer una presión muy considerable sobre cualquier país.  

Desde antes de que se concretara la invasión rusa a Ucrania, EE.UU. y sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) dejaron en claro que no enviarían tropas a Ucrania. Desde el inicio del conflicto militar, han favorecido el uso de sanciones económicas y el envío de equipo y armamento militar a Ucrania y, a la fecha, no hay indicios sólidos de que pudieran cambiar la estrategia.

Entre las acciones que se han tomado están: eliminar a Rusia del sistema de pagos internacionales, congelar activos rusos y retirar el estatus de nación mas favorecida, con lo cual se podría discriminar, en términos arancelarios, a los bienes rusos que aún se comercian en el mundo.  En palabras del propio presidente Biden, el objetivo es impedir que un país, Rusia, que no respeta el derecho internacional, se beneficie de la globalización y la integración comercial del mundo.

Podemos desprender dos reflexiones importantes de estos acontecimientos: primero, tenemos que cuestionar la suposición de que todos los países del mundo deben beneficiarse de la globalización, independientemente de su sistema de gobierno o de su posición ante ciertos temas. Segundo, es claro que incluso si el conflicto militar en Ucrania concluye pronto, las sanciones económicas permanecerán por un largo tiempo, además de que estarán sentando un importante precedente para futuros casos.

¿Cómo se ha reflejado el conflicto en la política pública y las decisiones de negocio? Primero, en el caso del sector privado, el éxodo de empresas del mercado ruso parecería sugerirnos que los actores privados entendieron el mensaje y simplemente no se arriesgarán a sufrir represalias por mantener operaciones en Rusia. Desde la perspectiva de los gobiernos, el que hayan participado tantos países en las sanciones contra Rusia sugiere que el liderazgo de Washington y Bruselas ha sido efectivo – poniendo a un lado, al menos temporalmente, las diferencias entre Europa y EE.UU. – renovando una colaboración que puede ser útil en muchos otros frentes.

A pesar del apoyo casi universal a estas sanciones, México ha declarado que no impondrá ningún tipo de sanciones a Rusia. Podría argumentarse que aplicar sanciones realmente no cumple con ningún propósito, ya que el comercio bilateral entre México y Rusia es relativamente mínimo – apenas 2,750 millones de dólares en 2021, por lo que el efecto sería pequeño. Pero el valor simbólico generado por la imposición de dichas sanciones hubiera sido importante.

En los siguientes meses, el efecto de la guerra se sentirá en México a través de dos avenidas. De manera indirecta, la guerra a nivel mundial ya ha incrementado las presiones inflacionarias, encareciendo la disponibilidad de algunos bienes, y disminuyendo la actividad económica, lo que, sin duda, retrasará la recuperación post-COVID 19. Nuestro país es particularmente sensible a estos movimientos internacionales, ya que alrededor del 75% del PIB de México está relacionado al comercio exterior.

Es posible que haya algunos beneficios tangenciales de esta situación: el incremento en el precio del petróleo ciertamente trae ingresos inesperados al gobierno mexicano. Igualmente, el conflicto podría acelerar el proceso de nearshoring de inversiones hacia México, como una estrategia de parte de las empresas para minimizar riesgos coyunturales (como es la ruptura de las cadenas de suministro), reducir los costos de transporte y aprovechar la cercanía a los grandes mercados de consumo en EE.UU. No olvidemos que la inversión extranjera directa (IED) que México recibe es fundamental para subsanar la débil inversión privada nacional.

Será muy importante seguir el proceso de generación y discusión del presupuesto para 2023, que iniciará en un par de meses, para determinar con mayor certeza cuáles considera el gobierno mexicano que serán las consecuencias económicas de la guerra en la economía del país, y cómo se traducirán en variables económicas en el siguiente año.

Por otro lado, y de manera más importante, podemos prever que la ambigüedad de México sea una fuente de fricciones innecesarias con Washington. Al margen de las consecuencias económicas, para EE.UU. el simbolismo de alinearse con su agenda es sin duda importante. Para México, hay razones muy claras que sugerirían ese curso de acción: EE.UU. es el principal socio comercial de México, con una agenda muy amplia en, prácticamente, todos los temas que uno pueda imaginarse.

Pero, el gobierno de México ha mantenido una posición ambivalente y que, incluso, es por momentos contradictoria: basta comparar la narrativa que México ha mantenido en el Consejo de Seguridad de la ONU con la que se ha manejado a nivel interno para detectar estas incomprensibles diferencias.

Washington claramente ha tomado nota de esto. De hecho, los comentarios del embajador Ken Salazar sobre la “imposibilidad” de una cercanía entre México y Rusia, emitidos ante la noticia de la instalación de un comité de amistad México-Rusia en la Cámara de Diputados, son muy reveladores. Ante la proximidad de las elecciones de medio término, podemos esperar también que México y su postura en el conflicto sea un tema de campaña, con un incremento en la retórica en contra de nuestro país.

En conclusión, considero que en términos económicos el impacto será indirecto, como parte del incremento de la incertidumbre, las presiones inflacionarias y la desaceleración de la actividad económica global. De manera específica, considerando la importancia de EE.UU. para nuestro país, podemos esperar que la postura de México tenga un efecto de transmisión de irritantes hacia otros temas que son importantes para Washington, incluyendo mayor presión en la agenda económica y comercial.

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Juan Carlos Baker

Juan Carlos Baker

CEO and founding partner, Ansley International Consultants
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Mexico Institute

The Mexico Institute seeks to improve understanding, communication, and cooperation between Mexico and the United States by promoting original research, encouraging public discussion, and proposing policy options for enhancing the bilateral relationship. A binational Advisory Board, chaired by Luis Téllez and Earl Anthony Wayne, oversees the work of the Mexico Institute.   Read more