Trece años después, la tan sometida a debate reforma ha llegado y se ha ido y México tiene un nuevo modelo energético. Este nuevo modelo ha generado controversia en la política de México, pero ha sido ampliamente celebrado en todo el mundo. Entre agosto y diciembre de 2013, el Congreso de la Unión debatió y luego aprobó una Reforma Constitucional que autorizaba la inversión privada y extranjera en la cadena de valor del sector energético por primera vez en 75 años. En agosto de 2014, el Congreso aprobó una legislación secundaria o de implementación y se creó un nuevo marco legislativo y normativo que ha permitido la igualdad de condiciones para todos los participantes del sector. Desde entonces, México ha experimentado una profunda y rápida apertura de sus sectores de petróleo, gas y electricidad, así como intentos de reformar la compañía petrolera nacional, Pemex, y la empresa nacional de electricidad, la Comisión Federal de Electricidad o CFE.
 
Pero la reforma está lejos de completarse y se deben hacer ajustes importantes para obtener los beneficios completos de un sector energético mexicano abierto y competitivo. Las modificaciones a las regulaciones y a uno de los reguladores clave son de vital importancia para garantizar que el mercado de México siga siendo competitivo y que se fortalezca la independencia de las instituciones reguladoras.
 
El trabajo que se presenta en este documento es un intento por parte de analistas extranjeros, expertos en sus respectivos campos, de proporcionar una evaluación imparcial de la reforma. Después de esta introducción y una historia del proceso de reforma, en cada uno de los capítulos se plantean las siguientes preguntas:
  • ¿Qué se ha realizado con éxito en el proceso de reforma?
  • ¿Qué queda aún sin completarse en la implementación de la reforma?
  • ¿Qué se necesita cambiar o modificar para aprovechar al máximo la reforma?
  • ¿En qué se requerirá más tiempo para lograr el éxito?
 
La reforma energética de México sigue siendo un punto de discordia entre los analistas y los políticos, entre los inversionistas internacionales y aquellos que buscan un mayor control nacional de la riqueza energética del país. Pocos negarían que las reformas son verdaderamente históricas, profundas y altamente ambiciosas. Al aprobarlas, y luego buscar su implementación rápida y efectiva, el gobierno mexicano ha demostrado lo que es posible hacer ante amenaza de crisis y cuando se alinean las estrellas en la política. Ahora, debemos evaluar lo que depara el futuro político para la reforma y para aquellos que han realizado grandes inversiones relacionadas con dicha reforma.