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Q: De acuerdo a una encuesta del 2018 del Pew Research Center, solamente el 54 por ciento de argentinos considera que expandir el comercio con otros países es bueno para la economía. Este es el número más bajo entre los 27 países de economías avanzadas y emergentes incluidos en la encuesta. Con tanto escepticismo, ¿Cree que un TLC con la UE va a ayudar o dañar la imagen del gobierno? ¿Cómo se puede promover una visión diferente del comercio internacional en la Argentina?

A: En la Argentina se ha extendido un relato equivocado que asocia el comercio internacional con la desindustrialización y la pérdida de empleos. Esta posición desconoce los beneficios que el comercio internacional ha traído a los países desarrollados y el hecho de que no hay casos de países exitosos que se encuentren aislados de los flujos del comercio global.

De todas formas, esta percepción un tanto anacrónica está cambiando. Estoy convencido de que el acuerdo con la UE fortalece la imagen positiva de nuestro gobierno porque se trata de una asociación histórica, que crea un mercado de 800 millones de habitantes. Eso hará que se amplíen las posibilidades de exportación de productos argentinos. Además, el hecho de que se eliminen los aranceles generará que los europeos demanden más productos argentinos, lo que va a implicar que haya más compañías, más producción, más trabajadores, más inversión, más Pymes.

Todo esto, permite ver las diferencias con el modelo anterior, el de la Argentina encerrada, aislada e ineficiente. El contraste es claro. El cierre del acuerdo ha tenido un masivo apoyo en la población, lo que demuestra que los argentinos están dejando de ver al mundo como una amenaza y comenzaron a percibirlo como una oportunidad.

La forma de promover una visión diferente es demostrando resultados. Por ejemplo, el Mercosur generaba mucho escepticismo porque no era una herramienta útil. Pero hoy se ha visto revigorizado gracias a mostrarse eficiente, pragmático y con capacidad para negociar con el mundo haciendo valer los intereses y necesidades de nuestro país. El acuerdo con la UE va a operar como un gran ordenador de la economía y también será la llave para modificar esta mirada antigua sobre el comercio internacional. La integración al mundo es uno de los ejes de nuestro gobierno, que contrasta radicalmente con las prioridades del gobierno anterior.

Q: El acuerdo entre el Mercosur y la UE ahora forma parte de la campaña presidencial, con el Presidente Mauricio Macri caracterizándolo como “el acuerdo más importante que hemos firmado en nuestra historia”. Mientras tanto, los candidatos del Frente de Todos han salido a criticar duramente el acuerdo. Alberto Fernández dijo que “un acuerdo así no genera nada para festejar sino muchos motivos para preocuparnos.” ¿Cree que este debate es un variable importante para los votantes de cara a las elecciones presidenciales?

A: Sin duda es un debate sustancial. Es cierto que los candidatos de la oposición lo criticaron en un primer momento, pero luego de que se difundieran los términos del acuerdo -que dejan claro que la UE realizó concesiones que no otorgó a ningún otro socio comercial, como períodos de hasta 15 años antes de comenzar la desgravación- tuvieron una posición mucho más prudente.

Hay que recordar que esta negociación lleva más de 20 años, por lo cual fue trabajada por 5 administraciones diferentes. No se puede negar ese consenso. Creo que la crítica de la oposición es oportunista porque el gobierno anterior también intentó avanzar el acuerdo con la UE, aunque no lo logró. En esta línea es importante también tener en cuenta que gran parte de la oferta de bienes que se negoció en estos últimos 3 años fue elaborada por el gobierno anterior.

Efectivamente, considero que esta discusión es una variable central porque nos presenta un debate cómo sociedad. Nos hace preguntarnos: ¿Qué país queremos ser? Un país normal, integrado al mundo, que se incorpora a las cadenas globales de valor, o un país aislado, cuyos únicos socios internacionales son naciones autoritarias. Estamos convencidos que la ciudadanía tiene muy presente este debate y no quiere volver al pasado.

Q: El acuerdo Mercosur-UE forma parte de una serie de éxitos en política exterior del gobierno de Mauricio Macri, incluyendo la organización de la cumbre del G-20, el préstamo otorgado por el FMI y el apoyo de los Estados Unidos para su membresía en la OCDE. Con la dura recesión y altos niveles de inflación y desempleo, ¿Cree que el pueblo reconoce esos logros y les concede importancia?

A: Absolutamente. Creo que la opinión pública ha entendido que, pese a las dificultades económicas que hemos atravesado, logramos sentar las bases de una economía sana: revertimos un déficit estructural e histórico, renovamos sectores clave como el energético, aportamos calidad institucional, mejoramos la seguridad, entre muchas otras conquistas.

Entre estas variables que la ciudadanía valora, sin dudas, también se destaca la inserción internacional. Hoy nuestro presidente es reconocido y respetado por sus pares del mundo. En buena medida el cierre del acuerdo con la UE se debió a su liderazgo personal y a sus excelentes relaciones con otros líderes.

Mi percepción es que el electorado no quiere volver atrás en este punto y que es uno de los ejes que definirá su elección.

Q: No hay consenso entre las cámaras empresariales en cuanto el acuerdo Mercosur-UE, con algunas cámaras a favor, como la Sociedad Rural Argentina, y otras fuertemente en contra, como la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios. Con el TLC, ¿Va a haber perdedores y ganadores? En tal caso, ¿Qué medidas serán necesarias para incentivar a los empresarios a adaptarse e innovar para competir en los mercados externos? ¿Qué hacer con los trabajadores en industrias que terminarán golpeadas?

A: Tanto yo como el resto de los funcionarios involucrados en la negociación, hemos tenido reuniones permanentes con todos los sectores tanto privados como de la sociedad civil, antes de cerrar el acuerdo y después. La gran mayoría está muy satisfecha y esperanzada con el acuerdo logrado, porque contempla nuestras necesidades específicas y tiene herramientas concretas que ponderan la situación de las industrias que se verán expuestas a la competencia.

Por ello, creo que no debemos hablar ganadores o perdedores sino de que habrá un beneficio general en toda la economía. El ganador es el país, la economía, que estará mejor, será más competitiva, generará más empleo, atraerá más inversiones.

Esto será posible, por supuesto, porque el acuerdo es solo el punto de partida para encarar una serie de reformas estructurales, que aborden el plano impositivo, laboral, logístico, entre otros, que vuelvan más competitiva a nuestra economía. El acuerdo, nos plantea de este modo un horizonte claro. Para ello, el Ministerio de Producción seguirá llevando adelante programas para impulsar la productividad y la competitividad de nuestras empresas como lo viene haciendo desde el 2016.

La Argentina obtendrá el máximo beneficio del acuerdo con la UE si potencia la inserción de los sectores más competitivos a la vez que asiste a los sectores más expuestos para que, en plazos de 10 y hasta 15 años, cuando comience a regir la desgravación, estén en condiciones se competir a nivel internacional.

Estos plazos, mayores a 10 años (límite sugerido por la normativa de la OMC para acuerdos de libre comercio regionales), la desgravación más lenta y el mayor porcentaje de comercio excluido del acuerdo por parte del Mercosur son el resultado un “trato especial y diferenciado” que reconoce la diferencia del grado de desarrollo de las economías.

Q: Dado que el proceso legal de traducción y revisión del acuerdo va a llevar por lo menos seis meses, la aprobación del acuerdo dependerá muy posiblemente del Congreso conformado a partir de las elecciones de octubre ¿Cómo ve el proceso de negociación con otros bloques? ¿Cree que el TLC firmado con Chile sirve como punto de inicio para las negociaciones?

A: Creo que, en tanto este acuerdo con la UE ha sido casi una política de Estado que atravesó 5 administraciones, el proceso de ratificación parlamentaria no presentará inconvenientes.

Algunas críticas que se han escuchado luego del cierre de las negociaciones deben ser entendidas en el contexto de la campaña electoral.

Estoy convencido de que el acuerdo con la UE no es una decisión de un partido o coalición sino de todo el país y que es un proceso irreversible. La ampliación del acuerdo con Chile, a pesar de sus diferencias, bien podría ser tomada como un ejercicio de prueba para entender que cuando se trata de políticas de estado como la de integrarnos al mundo, lo natural es que todos los sectores de acuerdo.

No obstante, la asociación con la UE es sólo el punto de partida. Más allá de este acuerdo, la agenda externa se mantuvo muy activa también en otros frentes. Sólo en el ámbito del Mercosur, mantuvimos en los últimos meses reuniones con Canadá, Corea, EFTA, Singapur y Vietnam. En todos estos casos estamos avanzando aceleradamente para concluir nuevos acuerdos, y creo que el éxito alcanzado con la Unión Europea nos dará el momentum que necesitamos para poder hacerlo rápidamente.