¿Se está moviendo la posición de Estados Unidos hacia un enfriamiento circunstancial del duro ataque que lanzó contra Venezuela con la orden ejecutiva del 9 de marzo? Ya hemos dicho que la Cumbre de la Américas puede deparar sorpresas y no debemos descartar ni siquiera un encuentro inesperado entre Obama y Maduro. En este momento puede que no se vea fácil, pero nada es imposible, sobre todo después de las más recientes declaraciones de voceros de la Casa Blanca tratando de morigerar el tono de la orden ejecutiva y de las abiertas posiciones a favor de un diálogo emitidas en las últimas horas por dos gobiernos vinculados políticamente a Estados Unidos, el de Panamá, sede de la Cumbre, a través del propio presidente Juan Carlos Varela, y el de Colombia, por boca de su canciller María Angela Holguín.

Como es sabido, estas cumbres suelen estar precedidas de álgidos contactos diplomáticos ¿Acaso Estados Unidos ha encontrado un ambiente negativo a sus propósitos de la Cumbre en sus conversaciones previas con altos representantes de América Latina y el Caribe?

En Estados Unidos parece haber una corriente de opinión pública que resiente los resultados de la orden ejecutiva aunque lo atribuye a cuestiones de forma. Según Cynthia Arnson, directora del programa de Latinoamérica para el Woodrow Wilson International Center for Scholars, un centro de análisis y debate con sede en Washington, "La administración de Obama se equivocó totalmente en el mensaje y la comunicación. No en el hecho de imponer sanciones, sino en la forma y el lenguaje que impuso, al usar una retórica anticuada y decir que Venezuela constituye una amenaza para la seguridad nacional". Arnson opinó que Estados Unidos subestimó la reacción de Venezuela al decreto.

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